martes, 27 de noviembre de 2012

Beyond the hills

El pasado sábado 24 de Noviembre terminaba una edición muy especial, la 50º, del Festival Internacional de Cine de Gijón. Por ello vamos a hacer un breve repaso en los siguientes días de lo que ha dado de sí la presente edición. Como escribía en mi anterior post, al terminar la gala de inauguración se emitió la película “Beyond the hills” del director rumano Cristian Mungiu.

El aclamado cineasta rumano por “4 meses, 3 semanas y 2 días”, con la que ganó en 2007 la Palma de Oro en Cannes a la mejor película, presentaba su último trabajo en un Teatro Jovellanos expectante. Y no era para menos puesto que en la última edición del citado certamen galo acababa de ser premiada con el galardón al mejor guión y mejor actriz (ex-aequo).

La película narra la historia de Alina una joven rumana que tras dejar atrás el orfanato y trabajar unos años en Alemania decide volver a Rumanía para llevarse consigo a Voichita, su compañera inseparable en el orfanato y la única persona que la ha querido en la vida. Sin embargo, Voichita se encuentra entregada a la fe en una congregación ortodoxa que le exige seguir en ella para poder alcanzar el camino de la paz.

Mungiu nos muestra a continuación la estancia de Alina en la congregación (con algunos planos secuencia que recuerdan a “La cinta blanca” de Haneke), en un día a día en donde Alina es vista como una endemoniada por sus ataques de ira ante la manipulación y la anulación de la personalidad que recibe su amiga por parte del padre de las religiosas. Estos ataques llevan a las religiosas a reprimir los instintos protectores de Alina con una brutalidad e intensidad que se transmite al espectador quien es atrapado con mano firme por el film y se halla en tensión durante la mayor parte del desarrollo de la película. Pero esta tensión constante es lo que la transforma en ciertos momentos en una “película de exorcismos” al estilo más tradicional, volviéndose de esta manera un tanto caótica y repetitiva.
La oposición entre el dogma que representa la religión y la ciencia (medicina) es tratado durante todo el tiempo con escasa claridad salvo en una de las últimas escenas que resulta muy certera. El final nos recuerda la triste situación de los niños huérfanos en la actual Rumanía y pretende darnos que pensar sobre ella de forma simple y sencilla, con una sola toma.

Las actrices Cristina Flutur y Cosmina Stratan, especial mención me merece esta última, realizan unas interpretaciones sólidas que dan empaque y verosimilitud a la película ya que dejan en un plano secundario el morbo de la supuesta relación lésbica entre ambos personajes y se centran en los matices de la vida cotidiana de dos seres atormentados en la infancia que buscan el amor por diferentes caminos: el terrenal y el divino.

 El director Crintian Mungiu en el 50º FICX

Película recomendable, dura y honesta que ha recibido la mención especial por parte del jurado del Festival Internacional de Cine de Gijón y recientemente ha ganado el Astor de Oro a la mejor película en el Festival Internacional de Cine Mar del Plata.

¡Siempre Tati!

Acostumbramos a tener por ídolos o referentes a aquellas personas que además de resultar exitosas y afamadas en el terreno profesional, son guapas, visten bien y están a la última moda.

Crisanto "Tati" Gracía Valdés nació en Mieres el 28 de Marzo de 1947. Como destacan las crónicas fue un futbolista precoz que tras iniciarse en el San Pablo pasó a jugar después en El Caudal juvenil en donde coincidiría con el famoso cantautor español Víctor Manuel. Con apenas 18 años debutó en aquel Sporting de Gijón de Segunda División que fue el precursor de la mejor época rojiblanca de la historia.

Tati Valdés era un hombre robusto, desgarbado, con una notoria y temprana alopecia, y que no era excesivamente agraciado. Como jugador era de una extraordinaria potencia (lo que le valdría el apodo, a la usanza gijonesa, de La Maquinona), sacrificio y pundonor pero no exento de cualidades técnicas. Y en especial una: el pase. Pero el pase con mayúsculas, el pase de tiralíneas al primer toque que se realiza de manera rápida y precisa. Gracias a ellos, en aquel fútbol sencillo pero brillante de ataque que practicaba el equipo, sus compañeros quedaban en posición ventajosa para dar el pase de la muerte o anotar. Ésta es la única manera en la que se podía jugar en aquellos campos llenos de lodo de entonces.

Si pensamos en un jugador con meloso acento argentino, de esbelta figura y cuidada melena, amén de unas buenas dotes futbolísticas, seguramente caeremos en la tentación de ver inequívocamente a un ídolo. Eso debió de pensar el Sporting cuando fichó a Landucci. El mediocampista argentino comenzaba las temporadas como titular pero cuando las inclemencias meteorológicas comenzaban y los campos se llenaban de barro, el que jugaba era Tati Valdés. Y así ocurrió durante varios años:  Landucci comenzaba la temporada y con la llegada de las lluvias era Valdés quien jugaba. No obstante, Tati repetía siempre una frase al comienzo de la temporada, reflejo de la confianza en sí mismo y en sus posibilidades: "Ya llegará el barro".

Muchos solamente lo conocerán porque en el año 1975 en un partido en El Molinón frente a la Real Sociedad a Tati no sólo se le cayó una sino hasta dos veces el peluquín rematando de cabeza. No hubo burlas, ni risas socarronas, ni miradas maliciosas. Hubo el silencio de respeto y cariño ante la vergüenza de un Tati que dejaría el partido yéndose al vestuario completamente abochornado.
En el siguiente partido que jugó en El Molinón, el estadio se vino abajo en una ovación tan cerrada al queridísimo Tati como se recuerdan pocas en el feudo rojiblanco. Landucci fue agradable a nuestra retina pero el difunto Tati Valdés fue el que llegó a nuestros corazones por ser un hombre sencillo, honesto y desprendido.

Éste no pretende ser un blog de fino estilista de los que escribe de cara a la galería. Y si así  ha de serlo entonces...¡ya llegará el barro!