martes, 27 de noviembre de 2012

¡Siempre Tati!

Acostumbramos a tener por ídolos o referentes a aquellas personas que además de resultar exitosas y afamadas en el terreno profesional, son guapas, visten bien y están a la última moda.

Crisanto "Tati" Gracía Valdés nació en Mieres el 28 de Marzo de 1947. Como destacan las crónicas fue un futbolista precoz que tras iniciarse en el San Pablo pasó a jugar después en El Caudal juvenil en donde coincidiría con el famoso cantautor español Víctor Manuel. Con apenas 18 años debutó en aquel Sporting de Gijón de Segunda División que fue el precursor de la mejor época rojiblanca de la historia.

Tati Valdés era un hombre robusto, desgarbado, con una notoria y temprana alopecia, y que no era excesivamente agraciado. Como jugador era de una extraordinaria potencia (lo que le valdría el apodo, a la usanza gijonesa, de La Maquinona), sacrificio y pundonor pero no exento de cualidades técnicas. Y en especial una: el pase. Pero el pase con mayúsculas, el pase de tiralíneas al primer toque que se realiza de manera rápida y precisa. Gracias a ellos, en aquel fútbol sencillo pero brillante de ataque que practicaba el equipo, sus compañeros quedaban en posición ventajosa para dar el pase de la muerte o anotar. Ésta es la única manera en la que se podía jugar en aquellos campos llenos de lodo de entonces.

Si pensamos en un jugador con meloso acento argentino, de esbelta figura y cuidada melena, amén de unas buenas dotes futbolísticas, seguramente caeremos en la tentación de ver inequívocamente a un ídolo. Eso debió de pensar el Sporting cuando fichó a Landucci. El mediocampista argentino comenzaba las temporadas como titular pero cuando las inclemencias meteorológicas comenzaban y los campos se llenaban de barro, el que jugaba era Tati Valdés. Y así ocurrió durante varios años:  Landucci comenzaba la temporada y con la llegada de las lluvias era Valdés quien jugaba. No obstante, Tati repetía siempre una frase al comienzo de la temporada, reflejo de la confianza en sí mismo y en sus posibilidades: "Ya llegará el barro".

Muchos solamente lo conocerán porque en el año 1975 en un partido en El Molinón frente a la Real Sociedad a Tati no sólo se le cayó una sino hasta dos veces el peluquín rematando de cabeza. No hubo burlas, ni risas socarronas, ni miradas maliciosas. Hubo el silencio de respeto y cariño ante la vergüenza de un Tati que dejaría el partido yéndose al vestuario completamente abochornado.
En el siguiente partido que jugó en El Molinón, el estadio se vino abajo en una ovación tan cerrada al queridísimo Tati como se recuerdan pocas en el feudo rojiblanco. Landucci fue agradable a nuestra retina pero el difunto Tati Valdés fue el que llegó a nuestros corazones por ser un hombre sencillo, honesto y desprendido.

Éste no pretende ser un blog de fino estilista de los que escribe de cara a la galería. Y si así  ha de serlo entonces...¡ya llegará el barro!


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